Siéntese, póngase cómodo y cuénteme

Como no dedicar la primera entrada de nuestro blog a lo que debería ser el felpudo de todo despacho. La decisión de acudir a un abogado en el 80% de las ocasiones viene innegablemente forzada por una situación injusta tanto desde una perspectiva objetiva como subjetiva de la persona.

En el primer lugar, nos encontramos con una persona desgastada psicológicamente en un sentido derrotista o en un estado de euforia con ansias de que todo se acabe desde el momento en que pone un pie en nuestras inmediaciones. Arduo trabajo nos cuesta levantar la frustración y poner un semáforo rojo al otro. Pero no es menos duro que tratar con el segundo tipo de personas, aquellas que creen que están inmersas en una situación ficticia de injusticia. O le vas a dar el golpe de su vida o mantienes sus deseos.

Entramos en un entramado conductual para el que no hemos tenido ningún tipo de preparación en nuestra carrera. Emociones, lenguaje no verbal, empatía… Se trata de encontrar ese vínculo que te una al cliente y conseguir esa confianza que va a hacer que vea en ti a su aliado.

Tratando en los tres tipos descritos la misma realidad, el discurso, el tono y la postura tendrán que ser inevitablemente distintos. Por persona que se coloca frente a ti te enfrentas a un reto psicosocial y psicológico diferente. Somos conscientes de ello, por lo que ahora si, siéntese, póngase cómodo y cuénteme.

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